Bird_p137 reviewed Sátántangó by László Krasznahorkai
Una danza lenta en el barro de la espera
4 stars
Al leer Sátántangó, de László Krasznahorkai, lo hice consciente de que su autor recibió el Premio Nobel de Literatura en 2025, un dato que ilumina la ambición sombría de esta novela sin volverla más dócil. La obra se sitúa en una aldea húngara empobrecida y casi abandonada, donde la lluvia, el barro y la ruina material parecen haber entrado también en el ánimo de sus habitantes.
La comunidad vive entre deudas, resentimientos, alcohol y una esperanza gastada. Cuando corre el rumor de que Irimiás, un antiguo conocido al que muchos creían muerto, va a regresar, el pueblo entero se agita. Para algunos, él representa una posible salvación; para otros, una amenaza o una oportunidad de reorganizar sus miserias. Yo sentí desde el principio que esa expectativa tenía algo religioso y enfermizo, como si los personajes necesitaran creer en cualquiera que les prometiera una salida.
La novela avanza con …
Al leer Sátántangó, de László Krasznahorkai, lo hice consciente de que su autor recibió el Premio Nobel de Literatura en 2025, un dato que ilumina la ambición sombría de esta novela sin volverla más dócil. La obra se sitúa en una aldea húngara empobrecida y casi abandonada, donde la lluvia, el barro y la ruina material parecen haber entrado también en el ánimo de sus habitantes.
La comunidad vive entre deudas, resentimientos, alcohol y una esperanza gastada. Cuando corre el rumor de que Irimiás, un antiguo conocido al que muchos creían muerto, va a regresar, el pueblo entero se agita. Para algunos, él representa una posible salvación; para otros, una amenaza o una oportunidad de reorganizar sus miserias. Yo sentí desde el principio que esa expectativa tenía algo religioso y enfermizo, como si los personajes necesitaran creer en cualquiera que les prometiera una salida.
La novela avanza con frases largas, densas y envolventes, que me obligaron a leer despacio, casi sin respirar. No es una narración cómoda: su ritmo circular, semejante a un tango, transmite la impresión de que cada movimiento conduce otra vez al mismo punto. La historia de Estike, la niña aislada y vulnerable, me resultó especialmente dolorosa, porque muestra la crueldad silenciosa de un mundo donde nadie cuida de nadie con verdadera ternura.
Irimiás aparece como figura ambigua, mezcla de profeta, estafador y administrador del desastre. Su palabra ordena el caos, pero también lo aprovecha. Mientras leía, sentí fascinación y desconfianza: Krasznahorkai no ofrece consuelo, sino una visión áspera de la credulidad, la decadencia y el deseo humano de obedecer.
Al cerrar Sátántangó, me quedó una tristeza espesa. La novela me pareció una ceremonia de espera, una marcha bajo la lluvia hacia ninguna parte, pero escrita con una fuerza hipnótica que transforma la desesperación en arte.
