Bird_p137 rated Les Trois Mousquetaires: 5 stars

Les Trois Mousquetaires by Alexandre Dumas
During the reign of France's King Louis XIV, D'Artagnan and three musketeers unite to defend the honor of Anne of …
This link opens in a pop-up window

During the reign of France's King Louis XIV, D'Artagnan and three musketeers unite to defend the honor of Anne of …
El otro proceso es el título en español de Der andere Prozess de Elias Canetti, y al leerlo tuve la sensación de asistir a un juicio silencioso que no se celebra en un tribunal, sino en la conciencia. El libro se centra en la relación epistolar entre Franz Kafka y Felice Bauer, pero no como una simple reconstrucción biográfica. Canetti convierte esas cartas en el escenario de un conflicto profundo entre la necesidad de amar y la necesidad de escribir.
Desde las primeras páginas percibí un tono de atención extrema. Canetti lee a Kafka con una intensidad casi obsesiva, como si cada frase ocultara una confesión involuntaria. Yo, como lector, me sentí arrastrado a ese examen minucioso. No estaba leyendo solo sobre Kafka, sino sobre la fragilidad de cualquier persona que intenta conciliar la vida íntima con una vocación absoluta. La relación con Felice aparece marcada por la …
El otro proceso es el título en español de Der andere Prozess de Elias Canetti, y al leerlo tuve la sensación de asistir a un juicio silencioso que no se celebra en un tribunal, sino en la conciencia. El libro se centra en la relación epistolar entre Franz Kafka y Felice Bauer, pero no como una simple reconstrucción biográfica. Canetti convierte esas cartas en el escenario de un conflicto profundo entre la necesidad de amar y la necesidad de escribir.
Desde las primeras páginas percibí un tono de atención extrema. Canetti lee a Kafka con una intensidad casi obsesiva, como si cada frase ocultara una confesión involuntaria. Yo, como lector, me sentí arrastrado a ese examen minucioso. No estaba leyendo solo sobre Kafka, sino sobre la fragilidad de cualquier persona que intenta conciliar la vida íntima con una vocación absoluta. La relación con Felice aparece marcada por la duda, el miedo y una sensación constante de asfixia que me resultó inquietantemente humana.
Lo que más me impresionó fue la idea central del libro: para Kafka, el compromiso amoroso se convierte en un proceso paralelo al literario, un juicio interior donde él mismo actúa como acusado y juez. Canetti muestra cómo el amor no es refugio, sino amenaza, y cómo Kafka percibe el matrimonio como una posible condena a la pérdida de su voz creativa. Mientras leía, sentí una mezcla de compasión y desconcierto. Me pregunté hasta qué punto la creación puede justificar ese nivel de renuncia emocional.
La prosa de Canetti es sobria, pero cargada de tensión. No juzga a Kafka, lo expone. Y en esa exposición, yo también me sentí interpelado. El libro me obligó a pensar en mis propias contradicciones, en los vínculos que exigen presencia y en los espacios que reclaman soledad.
Al cerrar El otro proceso, quedé con una sensación incómoda pero clara. Comprendí que algunos conflictos no se resuelven, solo se viven. Canetti no ofrece consuelo, pero sí una lucidez que permanece. Leer este libro fue aceptar que el amor y la creación, a veces, se miran como adversarios irreconciliables.

Una habitación propia de Virginia Woolf es un ensayo que me tocó profundamente y cuya lectura sentí como un espejo de lo que muchas veces he vivido al escribir y pensar en libertad. Woolf parte de una pregunta simple pero poderosa: ¿qué necesitan las mujeres para crear literatura? Su respuesta, clara y radical para su época, es que una mujer debe tener dinero y un espacio propio si realmente quiere escribir ficción.
Desde el comienzo, el tono del ensayo me atrapó, porque sentí que no era solo una reflexión académica, sino una confesión íntima. Woolf usa experiencias personales y escenarios imaginarios —como paseos por “Oxbridge” y entrevistas con personajes ficticios— para mostrar cómo la falta de recursos y de reconocimiento ha limitado históricamente a las mujeres.
Mientras leía, me conmovió su lucidez: no solo denuncia la ausencia de espacio físico o dinero, sino también la invisibilidad de las …
Una habitación propia de Virginia Woolf es un ensayo que me tocó profundamente y cuya lectura sentí como un espejo de lo que muchas veces he vivido al escribir y pensar en libertad. Woolf parte de una pregunta simple pero poderosa: ¿qué necesitan las mujeres para crear literatura? Su respuesta, clara y radical para su época, es que una mujer debe tener dinero y un espacio propio si realmente quiere escribir ficción.
Desde el comienzo, el tono del ensayo me atrapó, porque sentí que no era solo una reflexión académica, sino una confesión íntima. Woolf usa experiencias personales y escenarios imaginarios —como paseos por “Oxbridge” y entrevistas con personajes ficticios— para mostrar cómo la falta de recursos y de reconocimiento ha limitado históricamente a las mujeres.
Mientras leía, me conmovió su lucidez: no solo denuncia la ausencia de espacio físico o dinero, sino también la invisibilidad de las mujeres en los libros escritos por hombres. Me hizo pensar en cuántas voces se han perdido porque no se les permitió tener ni cuarto ni voz.
Lo que más me impactó fue la forma en que Woolf combina pensamiento riguroso y sensibilidad. Su lectura no es fría; tiene un pulso emocional que me obligó a cuestionarme a mí mismo: ¿cuánto de mi creatividad depende de condiciones tan materiales como el tiempo, el silencio o la estabilidad económica?
Al terminar, me quedé con una mezcla de gratitud y desafío. Agradecí que un texto tan honesto exista y me desafió a valorar mi propio espacio creativo como un derecho, no un lujo. Una habitación propia me recordó que tener un cuarto propio es un paso esencial para que cualquier voz pueda al fin ponerse a escribir.

A Room of One's Own is an extended essay by Virginia Woolf. First published on 24 October 1929, the essay …
Al leer Asesinato en la catedral de T. S. Eliot sentí que me internaba en una atmósfera de tensión moral y espiritual capaz de sacudir mi conciencia. La obra narra los últimos días de Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, y su martirio —un arresto de conciencia, un conflicto entre lo temporal y lo eterno. Desde las primeras escenas, su retorno a Inglaterra tras años de exilio me hizo percibir la fuerza de una convicción inquebrantable. Observé cómo Becket se enfrenta a la presión de perder poder humano, pero se mantiene firme ante la autoridad del rey, consciente de que su lealtad va hacia una fe más alta que la corona.
Mientras leía, me invadió una mezcla de admiración y melancolía. Admiración por la claridad con la que T. S. Eliot plasma el dilema de un hombre que acepta su destino pese al riesgo; melancolía por lo frágil que resulta …
Al leer Asesinato en la catedral de T. S. Eliot sentí que me internaba en una atmósfera de tensión moral y espiritual capaz de sacudir mi conciencia. La obra narra los últimos días de Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, y su martirio —un arresto de conciencia, un conflicto entre lo temporal y lo eterno. Desde las primeras escenas, su retorno a Inglaterra tras años de exilio me hizo percibir la fuerza de una convicción inquebrantable. Observé cómo Becket se enfrenta a la presión de perder poder humano, pero se mantiene firme ante la autoridad del rey, consciente de que su lealtad va hacia una fe más alta que la corona.
Mientras leía, me invadió una mezcla de admiración y melancolía. Admiración por la claridad con la que T. S. Eliot plasma el dilema de un hombre que acepta su destino pese al riesgo; melancolía por lo frágil que resulta la justicia humana cuando choca con el poder. Las tentaciones que Becket enfrenta —representadas por los “cuatro tentadores”— me hicieron reflexionar en voz baja conmigo mismo: ¿hasta dónde estaría yo dispuesto a sacrificar mis principios si el mundo exige que los traicione?
El coro de ciudadanos de Canterbury, expectante e inseguro, representa al pueblo que teme pero espera a un guía. Sentí su confusión, su anhelo de protección y su vulnerabilidad. Al final, cuando ocurre el crimen, no solo se concreta una injusticia: se revela la trascendencia del sacrificio, su capacidad de transformar el dolor en símbolo.
Cerrar el libro me dejó con un eco duro: la conciencia ―cuando es fuerte― puede ser un acto de revolución silenciosa. La lectura me hizo valorar el poder del conflicto interior, de la integridad personal, y me recordó que defender lo que uno cree, aunque sea con costo, puede marcar una diferencia más allá de lo visible.

A dramatization in free verse and with features derived from ancient and medieval theatre of the killing of Thomas a …
al leerlo sentí que entraba en una especie de testamento literario contado con plena conciencia del final. Günter Grass organiza el libro como una serie de fragmentos, poemas breves, recuerdos y dibujos que revelan su mirada hacia la vejez, el deterioro físico y la memoria que insiste en quedarse incluso cuando el cuerpo ya no acompaña. Desde las primeras páginas advertí un tono íntimo y sereno que me obligó a leer sin prisa, como si cada línea mereciera un pequeño silencio.
Mientras avanzaba, me impresionó cómo Grass alterna observaciones cotidianas con reflexiones existenciales. Habla de objetos simples, de escenas domésticas, de antiguas amistades, y lo hace con una mezcla de ironía y ternura que me tocó más de lo que esperaba. A veces me provocaba una sonrisa tenue, otras veces me dejaba mirando al vacío, sorprendido por la honestidad con la que describe la proximidad de la muerte. Sentí …
al leerlo sentí que entraba en una especie de testamento literario contado con plena conciencia del final. Günter Grass organiza el libro como una serie de fragmentos, poemas breves, recuerdos y dibujos que revelan su mirada hacia la vejez, el deterioro físico y la memoria que insiste en quedarse incluso cuando el cuerpo ya no acompaña. Desde las primeras páginas advertí un tono íntimo y sereno que me obligó a leer sin prisa, como si cada línea mereciera un pequeño silencio.
Mientras avanzaba, me impresionó cómo Grass alterna observaciones cotidianas con reflexiones existenciales. Habla de objetos simples, de escenas domésticas, de antiguas amistades, y lo hace con una mezcla de ironía y ternura que me tocó más de lo que esperaba. A veces me provocaba una sonrisa tenue, otras veces me dejaba mirando al vacío, sorprendido por la honestidad con la que describe la proximidad de la muerte. Sentí que el libro funciona como una conversación pausada en la que el autor, sin pretensiones, reclama su derecho a despedirse a su manera.
Sus dibujos, dispersos entre los textos, aumentaron esa sensación de cercanía. Al ver sus trazos decididos pero frágiles, pensé en el esfuerzo de seguir creando aun cuando el cuerpo ya acusa el cansancio. Me emocionó esa persistencia. También me conmovió la manera en que Grass revisita su vida y su obra sin grandilocuencia, aceptando sus sombras y luces con una transparencia que solo ofrece quien ya no busca justificarse.
Lo que más me impactó fue la calma con la que encara lo inevitable. No hay dramatismo, solo una lucidez firme que a mí me produjo un respeto profundo. Sentí que cada reflexión era una invitación a mirar con más cuidado mis propios días, mis propios finales pequeños.

The final work of the Nobel Prize winner Günter Grass—a witty and elegiac series of meditations on writing, growing old, …
Al leer El guardián entre el centeno de J. D. Salinger sentí que entraba en la mente de alguien que, sin quererlo, me obligaba a recordar mis propias inseguridades adolescentes. La voz de Holden Caulfield, con su tono cansado y crítico, me recibió como un monólogo que no pide permiso. Desde sus primeras confesiones sobre la expulsión del internado percibí una mezcla de rebeldía y fragilidad que me resultó incómodamente cercana.
Mientras lo seguía por Nueva York, noté que la ciudad funcionaba casi como un espejo deformado de su estado de ánimo. Cada hotel, cada bar y cada conversación parecían confirmar su sensación de que todo es “falso” o superficial. Yo, como lector, oscilaba entre la comprensión y el cansancio: a veces quería abrazarlo, otras veces pedirle que dejara de sabotear cada oportunidad de conexión auténtica. Sin embargo, esa contradicción es justamente lo que le dio verosimilitud a su …
Al leer El guardián entre el centeno de J. D. Salinger sentí que entraba en la mente de alguien que, sin quererlo, me obligaba a recordar mis propias inseguridades adolescentes. La voz de Holden Caulfield, con su tono cansado y crítico, me recibió como un monólogo que no pide permiso. Desde sus primeras confesiones sobre la expulsión del internado percibí una mezcla de rebeldía y fragilidad que me resultó incómodamente cercana.
Mientras lo seguía por Nueva York, noté que la ciudad funcionaba casi como un espejo deformado de su estado de ánimo. Cada hotel, cada bar y cada conversación parecían confirmar su sensación de que todo es “falso” o superficial. Yo, como lector, oscilaba entre la comprensión y el cansancio: a veces quería abrazarlo, otras veces pedirle que dejara de sabotear cada oportunidad de conexión auténtica. Sin embargo, esa contradicción es justamente lo que le dio verosimilitud a su voz y mantuvo mi atención alerta.
Las escenas con antiguos profesores y conocidos me hicieron pensar en la dificultad de aceptar que los adultos también están perdidos. Cuando Holden intenta encontrar consuelo en personas que imagina más sólidas, termina descubriendo matices que lo desilusionan aún más. En esos momentos sentí un leve desasosiego, como si el libro me recordara que la madurez nunca es tan clara como nos la describen.
La relación con Phoebe fue, para mí, el centro emocional de la obra. Cada aparición suya trajo un respiro y una honestidad que suavizaron el tono general. En el episodio del carrusel, mientras la lluvia cae y Holden la observa dar vueltas, sentí una calma discreta, como si por fin aceptara que no puede evitar que los demás crezcan y se equivoquen.
Al cerrar el libro quedé con una mezcla de nostalgia y alivio. Sentí que había acompañado a un narrador que no busca agradar, pero cuya confusión sigue iluminando, con una claridad incómoda, esa etapa en la que uno ya no es niño y todavía no sabe ser adulto.

The Catcher in the Rye is a novel by American author J. D. Salinger that was partially published in serial …
Al leer Beloved de Toni Morrison sentí que entraba en un territorio emocional que no podía atravesar con prisa. La historia de Sethe, marcada por la esclavitud y atormentada por el espíritu de su hija, me obligó a sostener una atención más lenta y respetuosa. Desde las primeras páginas noté que cada detalle tenía un peso particular. A veces me descubría haciendo pausas, casi para tomar aire, porque la intensidad del dolor que Morrison describe no admite ligerezas.
Seguí a Sethe en su casa de Cincinnati y me afectó la forma en que el pasado aparece sin permiso. Cada aparición del fantasma me produjo una mezcla de inquietud y comprensión. Sentí que Morrison me invitaba a reconocer que ciertos recuerdos no se guardan porque sí. Se imponen. Me llamó la atención cómo la autora enlaza lo cotidiano con lo sobrenatural sin perder claridad. Mientras avanzaba, me di cuenta de …
Al leer Beloved de Toni Morrison sentí que entraba en un territorio emocional que no podía atravesar con prisa. La historia de Sethe, marcada por la esclavitud y atormentada por el espíritu de su hija, me obligó a sostener una atención más lenta y respetuosa. Desde las primeras páginas noté que cada detalle tenía un peso particular. A veces me descubría haciendo pausas, casi para tomar aire, porque la intensidad del dolor que Morrison describe no admite ligerezas.
Seguí a Sethe en su casa de Cincinnati y me afectó la forma en que el pasado aparece sin permiso. Cada aparición del fantasma me produjo una mezcla de inquietud y comprensión. Sentí que Morrison me invitaba a reconocer que ciertos recuerdos no se guardan porque sí. Se imponen. Me llamó la atención cómo la autora enlaza lo cotidiano con lo sobrenatural sin perder claridad. Mientras avanzaba, me di cuenta de que creía en esa presencia, no como un truco narrativo, sino como la forma más honesta de representar una experiencia que supera cualquier explicación simple.
El regreso de Paul D resonó mucho en mí. Su intento por reconstruir algo parecido a una vida digna junto a Sethe me despertó una esperanza tenue. Sin embargo, cada conversación entre ellos me recordaba que las heridas profundas no desaparecen solo porque uno desee seguir adelante. A veces me sentía frustrado, como si quisiera empujar a Sethe hacia un futuro menos sombrío, pero entendía que ella llevaba un peso que yo solo podía observar desde fuera.
La llegada de Beloved, con su presencia enigmática y su hambre emocional, me provocó una inquietud que se fue transformando en pena. Mientras su influencia crecía, también crecía mi sensación de estar presenciando un duelo que no encontraba salida.
Al cerrar el libro quedé con una mezcla de tristeza y respeto. Sentí que había acompañado a Sethe en un recorrido que no me pertenecía, pero que aun así me cambió. Esa es la fuerza de Beloved: no solo cuenta una historia, también te pide que la escuches con el corazón atento.

"Beloved possesses the heightened power and resonance of myth. An extraordinary novel." --Michiko Kakutani, New York Times
Toni Morrison's …
Reading The Book of Disquiet felt like stepping into a room lit only by a single lamp, where every thought arrived slowly and settled with surprising weight. Fernando Pessoa, writing through his heteronym Bernardo Soares, builds a diary of inner weather rather than a traditional narrative. I moved through the fragments and felt as if I were listening to someone think out loud in a voice both fragile and precise. The lack of plot did not frustrate me. Instead, it invited me to sit still and pay attention to the shifts of mood and the small truths hiding behind routine.
Soares reflects on boredom, solitude, work, dreams, and the strange distance he feels from his own life. I found myself pausing after many passages, not because they were difficult, but because they were strangely familiar. There is a quiet pain in his honesty. At times I felt comforted …
Reading The Book of Disquiet felt like stepping into a room lit only by a single lamp, where every thought arrived slowly and settled with surprising weight. Fernando Pessoa, writing through his heteronym Bernardo Soares, builds a diary of inner weather rather than a traditional narrative. I moved through the fragments and felt as if I were listening to someone think out loud in a voice both fragile and precise. The lack of plot did not frustrate me. Instead, it invited me to sit still and pay attention to the shifts of mood and the small truths hiding behind routine.
Soares reflects on boredom, solitude, work, dreams, and the strange distance he feels from his own life. I found myself pausing after many passages, not because they were difficult, but because they were strangely familiar. There is a quiet pain in his honesty. At times I felt comforted by how sharply he observed the world. At other moments, I felt a heaviness settle in my chest, as if I were borrowing his melancholy for a few minutes.
The book is full of contradictions. He longs for connection but clings to solitude. He admires beauty but doubts its meaning. I recognized that tension, and reading it made me think about my own contradictions with more patience. Pessoa’s Lisbon appears in flashes, more like a mood than a map. The streets, offices, and cafés drift around him, and I followed these scenes with a sense of muted intimacy.
By the time I reached the final pages, I felt a mixture of calm and unease. The fragments do not resolve, and I realized they are not meant to. They form a portrait of a mind trying to understand itself without expecting rewards. Closing the book, I carried a soft echo of its quiet, the kind that lingers long after the last line.

Sitting at his desk, Bernardo Soares imagined himself free forever of Rua dos Douradores, of his boss Vasques, of Moreira …