Cuando empecé El tulipán negro de Alexandre Dumas, pensé que sería una novela sobre flores. Bonita, sí, pero tranquila. Me equivoqué. Me encontré con una historia de traición, amor, política y – sí – también flores, pero con más emoción de la que imaginé.
El protagonista, Cornelius van Baerle, no es un espadachín como los mosqueteros, sino un hombre pacífico, obsesionado con cultivar el primer tulipán negro del mundo. Su pasión es tan fuerte, tan pura, que uno no puede evitar admirarlo. Y justo cuando crees que vas a leer una historia sobre jardinería, ¡bam! Lo arrestan, lo acusan de un crimen que no cometió, y todo se complica.
Ahí aparece Rosa, la hija del carcelero, que no solo le ayuda, sino que se convierte en el verdadero corazón de la historia. Su relación es tierna, sincera, construida en medio de barrotes y secretos, pero con una belleza …









